Ritual de la Entronización

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Se elige para la ceremonia de la entronización un día que tenga especial significación para la familia (aniversario de casamiento, por ejemplo) o una fiesta litúrgica apropiada, o toda fecha que permita al sacerdote estar presente, si es posible.

 Preparación para la entronización

 Cuanto más importante y mejor sea la preparación de la ceremonia de la entronización, más abundantes también serán las gracias y las bendiciones derramadas sobre las familias. Esta preparación puede extenderse a tres días (triduo) o a nueve (novena).

Inicio de la ceremonia

 Cuando el sacerdote no puede asistir a la ceremonia, se hace bendecir antes la imagen

A la hora fijada para la ceremonia, todos, padres, hijos y también invitados se reúnen en la sala de estar.

El lugar reservado para la imagen del Sagrado Corazón se prepara, en forma de un pequeño altar familiar. La imagen del Sagrado Corazón se arma sobre una mesa cubierta con un mantel y adornada con velas y flores. Se prepara un recipiente con agua bendita. La familia se arrodilla ante la imagen. El sacerdote, revestido de sobrepelliz y de estola, comienza por bendecir la imagen.

Luego, el sacerdote rocía con agua bendita la imagen.

 Luego de la bendición, para rendir un testimonio explícito de la fe de la familia, todos recitan de pie, en alta voz, el Símbolo de los Apóstoles.

 Sermón del sacerdote

 El sacerdote recuerda:

– la profunda significación de la entronización

– la vida cristiana de sumisión, de confianza y de amor que el Sagrado Corazón espera de las familias que le rinden este homenaje;

– las bendiciones especiales y sobrenaturales de que son objeto si ellas son fieles a sus compromisos;

– el gran deber de la familia de renovar frecuentemente la consagración como oración familiar, con preferencia durante la oración de la noche en común.

Acto de Consagración de la Familia al Sagrado Corazón

 Esta fórmula, aprobada por San Pío X el 19 de mayo de 1908, es la requerida para ganar las indulgencias, y no puede ser modificada. La reza de rodillas el sacerdote y la familia. Cuando el sacerdote no está presente, será dirigida por el jefe de familia:

Sagrado Corazón de Jesús, Tú que has manifestado a Santa Margarita el deseo de reinar sobre las familias cristianas, venimos hoy a proclamar Tu Reinado más absoluto sobre la nuestra. Queremos vivir en delante de Tu vida, queremos hacer florecer en nuestro corazón, las virtudes por las cuales Tú has prometido la paz aquí abajo, queremos arrojar lejos de nosotros, el espíritu mundano que Tú has maldecido.

Tú reinarás sobre nuestras inteligencias, por la sencillez de nuestra fe. Tú reinarás sobre nuestros corazones, por el amor sin reserva, que se consumirá por Ti, y del que nosotros mantendremos la llama, con la recepción frecuente de Tu divina Eucaristía.

Dígnate, divino Corazón, presidir nuestras reuniones, bendecir nuestras empresas espirituales y temporales, alejar nuestras inquietudes, santificar nuestras alegrías, aliviar nuestras penas.

Si alguno de entre nosotros tiene la desgracia de afligirte, recuérdale, Corazón de Jesús, que Tú eres bueno y misericordioso para con el pecador penitente. Y cuando llegue la hora de la separación, cuando la muerte venga a traer duelo en medio de nosotros, estaremos todos, los que parten y los que quedan, sometidos a Tus decretos eternos. Nos consolaremos con el pensamiento, que llegará un día en el cual la familia, reunida en el Cielo, podrá cantar eternamente, Tus glorias y Tus beneficios.

Corazón Inmaculado de María, glorioso Patriarca San José, dígnense presentar esta consagración, y nosotros recordarla todos los días de nuestra vida. ¡Viva el Corazón de Jesús, nuestro Rey y nuestro Padre!

Entronización de la Imagen del Sagrado Corazón

 Luego el jefe de familia, o su representante, coloca la imagen del Sagrado Corazón de Jesús en el lugar de honor a fin de rendir homenaje  a la soberanía de amor de Jesucristo en todas partes despreciada.

Homenaje al Corazón Inmaculado de María

Para agradecer al Corazón de María la gracia de la entronización que Jesús concede por Ella a la familia y para proclamar a esta buena Madre Reina del hogar, se reza o se canta el Salve Regina.

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